Claves preliminares
(La Existencia Rebelde)
La definición de hombre como determinación del mundo ha hecho parte de la tradición occidental desde los inicios aristotélicos de la comprensión de hombre como animal racional, así, parte de la historiografía filosófica nos ubica distintas concepciones de hombre que ligan una comprensión de mundo en una línea que busca la definición de esencias; la clave de esa ubicación de esencias definitorias ha llevado a corrientes de pensamiento que sitúan una característica de la existencia humana como definición de la esencia de lo humano, caso de animal político ó animal simbólico. Cabría preguntarse con seriedad si la indagación de Camus por el Hombre Rebelde pertenece o no a esta línea de pensamiento.
2.
En principio, la búsqueda de definición de existencia implica un ejercicio genealógico que conduzca a encontrar el sentido del nuevo concepto que se contrapone a la comprensión clásica de realidad esencial, es decir, la genealogía del concepto ubicaría un sentido distinto entre la noción de realidad y la de existencia, en la primera nos encontramos con la definición dentro del marco de la determinación del mundo y de ahí la constitución sustancial de los elementos que hacen parte de él, caso del hombre definido dentro del marco de la realidad establecida; en el segundo caso, la existencia se configura como una forma de indagación ya no por las esencias que determinan, sino por las acciones que se establecen, de este modo, el ejercicio de la acción marcaría la determinación (por lo menos parcial) de la comprensión de los elementos que hacen parte de lo presente, es decir de lo existente demarcado como realidad parcial constitutiva.
3.
El Hombre Rebelde se constituye como una confrontación con la ontología determinista del ser comprendido como relaciones de esencia y acción o causa y efecto. Nos encontramos con una nueva definición de hombre, es cierto, del mismo modo que se ha definido el hombre con anterioridad en la línea de la tradición metafísica. La diferencia radica en el hecho de ubicar esta definición de acuerdo a las acciones que el hombre desarrolla y que por consiguiente lo constituyen, en ese sentido el hombre rebelde es un llamado al despertar de la potencia como acción, sin distinciones ontológicas de acto y potencia, la rebeldía se presenta como la acción instantánea inherente al hombre y que lo determina específicamente en ese acto.
4.
El acto de la rebeldía es la expresión de ruptura de las relaciones de poder que han instaurado un sentido de realidad. El ser rebelde es la instauración de dinámicas que reorganizan la comprensión de la realidad que en este caso se conforma de modo distinto al que se viene presentando como mundo de la realidad dominante. La realidad dominante es la despotenciación de las acciones humanas.
5.
El hombre en su acomodo al espacio de lo real constituido ha separado las nociones de acto y potencia, de tal modo que sus acciones en el mundo no son las consecuentes con las capacidades inherentes, este acomodo es el que ha dado surgimiento a la idea de absurdo. El absurdo es la implantación de la existencia metafísica que se aferra a las nociones de esencia, causa y efecto.
6.
La rebeldía se constituye como la instauración de la conciencia y necesidad de acabar con el absurdo, esto solo es posible en tanto que el hombre niegue su existencia de acomodo y constituya la existencia que si le pertenece, la rebelde. La pertenencia de la existencia se constata en el hecho de no separar acto y potencia, en potencia el hombre es rebelde en tanto que la rebeldía es la afirmación de las fuerzas individuales en un juego de poderes, es decir, la rebeldía es la corroboración de las fuerzas del hombre.
7.
El único modo de acabar con el absurdo el la negación de la existencia conforme, para ello el nihilismo es el paso inicial en tanto que constituye un ejercicio de transvaloración de los fundamentos de la realidad constituida. Solo en un ejercicio de transvaloración, es decir de implicación de sentidos distintos, es posible considerar la necesidad del asesinato como paso fundamental para acabar con el absurdo. Lo primero que hay que asesinar es la idea de absurdo, el asesinato es justificado en tanto que reconfigura las nociones de sentido de lo establecido a partir de la valoración de la rebeldía como potencia del hombre.
8.
El asesinato del absurdo no es la misma idea del asesinato comprendido como el exterminio irracional que aplica el mundo dominante, el justificar el asesinato es necesario en tanto que es el modo de acabar con la idea del absurdo que es la que ha establecido el exterminio irracional dominante. El asesinato es el paso preliminar al suicidio, es decir la comprensión de la fuerza necesaria para acabar con uno mismo, esto es necesario en tanto que el sujeto constituido comparte su concepción con la tradición metafísica que constituye el absurdo, no se puede pretender acabar con el absurdo si no se está dispuesto a acabar con uno mismo.
9.
El nihilismo es un proceso de autodestrucción de los valores que determinan al hombre como perteneciente a la realidad constituida, por ello la idea del suicidio y el asesinato debe comprenderse bajo la óptica nihilista de acabar con el absurdo como necesidad de instauración de la potencia de la vida. La muerte, en ese sentido, no puede comprenderse como un fin sino como proceso autodestructivo de necesidad para el despertar de las potencias del hombre, de todas las potencias la rebelde es la más importante, en tanto que es el punto de partida y posibilidad de inauguración de la ruptura con el absurdo dominante.
10.
La rebeldía no es un ejercicio de contra-resistencia o reacción de causas y efectos, la rebeldía no es respuesta a un poder establecido, la rebeldía es la expresión de ruptura metafísica con el mundo, no es posible considerar la posibilidad de rebelarse sino bajo un cambio en la óptica y concepción del mundo, por ello más que respuesta la rebeldía es inauguración de nuevas relaciones de poder. La contra-resistencia o respuesta a los efectos no tiene en cuenta en su realización la necesaria rebeldía metafísica, por ello no es completa y sigue afirmando el absurdo establecido y dominante.
11.
Nietzsche se presenta como punto de partida para la reflexión de Camus sobre la concepción de hombre diferenciada a partir la rebeldía como nuevo valor dominante. La confrontación con los anteriores valores en los que se fundamenta el absurdo es un proceso necesario para despertar la potencia rebelde del hombre. Es necesario establecer el levantamiento del oprimido para que los valores dominantes que fundamentan el absurdo decaigan del mismo modo que decaen los absolutismos dominantes. El levantamiento del oprimido solo es posible en la rebeldía como valor necesario para comprender al hombre.
12.
“La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a quienes se hallaban en peligro. “¿Que es bueno?”, preguntáis. Ser valiente es bueno. Dejad que las niñas pequeñas digan: “ser bueno es ser bonito y a la vez conmovedor.” ” (Zaratustra, De la guerra y el pueblo guerrero)
Todo ejercicio de rebeldía implica una creación. La creación sólo es posible a partir de la superación de las contradicciones y confrontaciones propias de una transvaloración de las relaciones de poder. Todo ejercicio de negación de lo establecido, toda confrontación a la metafísica y la ontología, toda decisión de suicidio y asesinato solo son posibles bajo la valentía de superarse a si mismo, el hombre rebelde es la afirmación de la valentía que crea y construye nuevos valores.
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